Tú no tienes alma,
yo no tengo valor para ver cómo te marchas
como si no pasara nada.
Tú no tienes ganas,
yo me muero por darte las fuerzas que hagan falta,
tú no tienes derecho a decirnos adiós
y yo no tengo el derecho a decirte que no,
si no tienes ganas, yo no tengo nada.
Dime que ha sido por ti, que una vida me basta
ya no intentes, pasa la gente, pasan las cosas, pasan, tan rápidamente.
martes 26 de enero de 2010
domingo 24 de enero de 2010
Chocolate para el frío
Empachado, por tanto chocolate, que sólo ofrece calorías y pocos nutrientes.
Con la mirada profunda y perdida, ya que la orografía belga está formada por extensas llanuras, ni siquiera montes bajos.
Con el corazón encogido, siento mucho frío, a pesar de mis calzoncillos marianos y mi gorro de perrito piloto.
Con bálsamo del bueno cerca.
Con la mirada profunda y perdida, ya que la orografía belga está formada por extensas llanuras, ni siquiera montes bajos.
Con el corazón encogido, siento mucho frío, a pesar de mis calzoncillos marianos y mi gorro de perrito piloto.
Con bálsamo del bueno cerca.
jueves 21 de enero de 2010
Sobremesa
Me ha gustado la sobremesa de hoy. No me gusta la televisión, cuando hacen media de las horas que pasamos los españoles frente ella me llevo las manos a la cabeza. Porque para que resulten esos datos, si tienen en cuenta a mi persona, debe haber gente que pase muuuuucho tiempo frente a la caja tonta.Ni cuando he trabajado en ella la consumía, paradójico incluso para mí. Pero tengo una debilidad, los reportajes. Esos ratos la televisión se abre en canal y me permite desde mi cómodo sofá tocar y husmear una realidad que fuera de mi salón es muy diferente.
21 días. Qué delicia. Menudo producto. Y hoy he disfrutado de la sobremesa con su director y sus creadores. Qué interesante. 21 días. Hoy es 21.
martes 19 de enero de 2010
Palabra mágica
Al final de la jornada de rebajas del viernes, subiendo por la calle Montera, les pido a Toni y a Bebe que me esperen un momento en la puerta. Entro en Springfield.
-Buenas, la semana pasada hice una compra y no llevaba la tarjeta cliente encima. ¿Te importa pasarme los puntos?
-No, no podemos. Me contesta el dependiente hetero que no me encaja en la caja de este tipo de establecimientos.
-Ah, ¿por algún problema informático o... ?
-No, antes sí se podía pero ya no nos dejan.
-Vaya, ¿Así que me estás pidiendo que venga con mi compra, la devuelva y la vuelva a comprar para que puedas cargar los puntos de mi compra en mi tarjeta?, le pregunto mientras me irrito y la palabra mágica va ensalivándose en mi boca.
-Yo no, haga lo que quiera. Pero un día desde la central nos enviaron un mensaje y no sé por qué nos prohibieron hacerlo.
-Está bien, si a ti no te dijeron por qué, dame una hoja de reclamaciones y que me lo expliquen a mí.
En este momento levanta la mirada sobre mí y busca a su encargado, que debe estar un par de metros detrás de mí. Le traslada mi interés por mis puntos y, sin pronunciarle mi palabra mágica, su jefe le da el visto bueno para cumplir mi petición.
Abandono la tienda con zancada larga, con la tarjeta satisfecha pero pensando por qué hacen lo fácil complicado. Por qué es necesario emplear la palabra mágica para conocer el límite del establecimiento...
-Buenas, la semana pasada hice una compra y no llevaba la tarjeta cliente encima. ¿Te importa pasarme los puntos?
-No, no podemos. Me contesta el dependiente hetero que no me encaja en la caja de este tipo de establecimientos.
-Ah, ¿por algún problema informático o... ?
-No, antes sí se podía pero ya no nos dejan.
-Vaya, ¿Así que me estás pidiendo que venga con mi compra, la devuelva y la vuelva a comprar para que puedas cargar los puntos de mi compra en mi tarjeta?, le pregunto mientras me irrito y la palabra mágica va ensalivándose en mi boca.
-Yo no, haga lo que quiera. Pero un día desde la central nos enviaron un mensaje y no sé por qué nos prohibieron hacerlo.
-Está bien, si a ti no te dijeron por qué, dame una hoja de reclamaciones y que me lo expliquen a mí.
En este momento levanta la mirada sobre mí y busca a su encargado, que debe estar un par de metros detrás de mí. Le traslada mi interés por mis puntos y, sin pronunciarle mi palabra mágica, su jefe le da el visto bueno para cumplir mi petición.Abandono la tienda con zancada larga, con la tarjeta satisfecha pero pensando por qué hacen lo fácil complicado. Por qué es necesario emplear la palabra mágica para conocer el límite del establecimiento...
domingo 17 de enero de 2010
Rebajas, bienvenidas a mi armario
El primer día que me asomé a las rebajas con Mario fue el día que comenzaron y flipé. Este flipe mío tenía una parte de asombro y otra de incredulidad. No podía creer que cuatro millones de personas de este país, casi el 20% de la población activa, esté mirando al techo cada día, pero que en vez de pasar los lunes al sol los pasan en las tiendas, y no paseando ni mirando, sino haciendo cola para pagar. ¡Uy!, ¿con qué dinero?, le pregunto a Mario.Estábamos en el centro comercial La Gavia, completamente desubicado geográficamente en mi cerebro. Al parecer está en Vallecas. Coño, ¿no demuestran las estadísticas oficiales que el paro se ceba con los barrios obreros? Y entonces vi la luz y diferentes lexemas, acompañados de sus morfemas empezaron a gestarse en mi cabeza: Pago en negro. No contrato. Dinero del paro. Subvención. Economía informal. Economía sumergida.
Allá cada cual, pero como mi armario, a priori, no necesitaba nada más para estar contento, nos marchamos. Y el sábado pasado, el viernes y ayer me adentré de nuevo en el mundo rebajero. Esta vez con una lista, como la del súper, pero en la cabeza. Y me di cuenta de que estas ocasiones son excelentes para invertir en básicos.
Una camisa, un pantalón de pana, un vaquero gris de flaca y electroperra, zapatillas de tenis para mi vuelta al circuito deportivo, una chaqueta de lana de ochos preciosa elegida por Barb, un pantalón de pijama, un jersey de pico liso, nosequemás y lo mejor: una gabardina con un fino estampado de pata de gallo, que se dice así y no de gallina, como erróneamente lo nombraba yo. A todas estas prendas les doy la bienvenida a mi armario, que desde este fin de semana, también es el suyo.
miércoles 13 de enero de 2010
¿Frío yo?
Qué poco glamur tienen. Estaban ya en mi olvido. No recuerdo la última vez que alguna de ellas rozó mi piel, pero sé que coincidió cuando empecé a percatarme de los rancios olores que emanaban de algún adelantado compañero de clase.Sí, sólo les pasaba a los más adelantados. A los que "se estaban desarrollando", que además como prueba elocuente lucían pelacos negros en pantorrillas y sobacos, y pelusilla en el bigote. Así que yo, a pesar de ser un tío friolero, pero temeroso de dar pie a ese rechazo social-escolar, me fui deshabituando. Me desprendí de ellas paulatinamente. Primero las evitaba en las clases de gimnasia, después las aparté para siempre.
Bueno, hasta hoy, que me he rendido. El frío me ha derrocado. Aproximadamente veinte años después, el algodón de una camiseta estilo Damart Thermolactyl, que se compraban en el catálogo de Damart, me ha abrigado.
He revisado varias veces mi ombligo. Por temor y por curiosidad. Temor por el riesgo a que formara una pelotilla en él. Curiosidad por ver si se formaba del típico color azul cuando en realidad mi camiseta es blanca.
No se ha formado pelotilla, debido a la ausencia de vello en la zona y a la buena ventilación por tanto asomarme. Y en un rato, cuando venga a Toni a ver conmigo el reportaje Rocío Jurado, 50 años de la artista, le podré gritar, a la vez que le enseño la camiseta enemiga del glamur, ¿frío yo? ¡nunca!
domingo 10 de enero de 2010
Regalo para Dallane
Sigue nevando en la calle Cactus. Y en el resto de Madrid. Y en toda la Comunidad. Y en el resto de España. Bueno la verdad es que a mí el resto de España me la suda. No sudar en el sentido de transpirar, que con este frío... sino en el figurado.
¿Por qué? Pues porque la gente que tiene que pasar por casa a recoger sus regalos de Reyes viven en la Comunidad de Madrid y aquí las carreteras están complicadas. Así que me las tengo que ingeniar para hacerles llegar sus presentes.
Año de nieves, año de bienes. Lo presiento en las estrellas de mi alma.
¿Por qué? Pues porque la gente que tiene que pasar por casa a recoger sus regalos de Reyes viven en la Comunidad de Madrid y aquí las carreteras están complicadas. Así que me las tengo que ingeniar para hacerles llegar sus presentes.
Año de nieves, año de bienes. Lo presiento en las estrellas de mi alma.
viernes 8 de enero de 2010
Vuelta al gym
-Hola, antes de nada quería informarle de mi intención de pagar con tarjeta.
-¿Perdón?, me contesta confusa la recepcionista del gimnasio.
-Sí, que antes de nada quería informarle de mi intención de pagar con tarjeta. Le repito mientras las comisuras de mis labios se distancian.
-¡Ah, jaja. El cartel! Y me mira con cara de qué graciosillo eres.
Aquí comienza el camino de uno de los propósitos para 2010, vuelta al gym. Siempre he sido un tipo de constitución enclenque/esbelta. Nunca he tenido grandes músculos y tampoco soy de los que los desarrollan con facilidad. Como dice mi novia, estoy fibrado. Aunque yo a veces no sé si lo que toco duro son mis fibras o mis huesos.
En mi caso los motivos para volver al gimnasio van más allá del desarrollo muscular. Son todos éstos. Espero que los vigoréxicos me ayuden a integrarme y no me llamen preplaya, por apuntarme en enero. Quiero disfrutar de la sensación de estar cuidándome.

-¿Perdón?, me contesta confusa la recepcionista del gimnasio.
-Sí, que antes de nada quería informarle de mi intención de pagar con tarjeta. Le repito mientras las comisuras de mis labios se distancian.
-¡Ah, jaja. El cartel! Y me mira con cara de qué graciosillo eres.
Aquí comienza el camino de uno de los propósitos para 2010, vuelta al gym. Siempre he sido un tipo de constitución enclenque/esbelta. Nunca he tenido grandes músculos y tampoco soy de los que los desarrollan con facilidad. Como dice mi novia, estoy fibrado. Aunque yo a veces no sé si lo que toco duro son mis fibras o mis huesos.
En mi caso los motivos para volver al gimnasio van más allá del desarrollo muscular. Son todos éstos. Espero que los vigoréxicos me ayuden a integrarme y no me llamen preplaya, por apuntarme en enero. Quiero disfrutar de la sensación de estar cuidándome.

miércoles 6 de enero de 2010
Día de Reyes
Solía irme a la cama temprano. Sólo por el paripé de que esa noche vendrían los Reyes y me dejarían bajo el árbol el regalo que yo había elegido aquella misma mañana o unos días antes en la tienda de juguetes del pueblo, ancá Don Baltasar, casualmente.Comprendo que mi abuela, para evitar disgustos por no acertar con el regalo de un niño tan caprichoso, me daba la opción de elegir. Así es como me ahorré ese shock traumático que todos arrastráis porque un mal día ese amigo cabrón os dijo que los Reyes eran los padres.
No por ello se perdía la ilusión por el juguete nuevo. Y también madrugabas para pasar más horas con este nuevo compañero que, durante las próximas semanas, se convertía en inseparable.
¿Qué te han caído los Reyes? Y era menos impresionante para el receptor contestar "esta bici", que soltar de carrerilla: Mi tía unos guantes de fútbol, mi prima este balón, mi abuela dinero, unos pantalones, un jersey -tragabas saliva - y unas zapatillas de marca, mi madre el juego de Quién es quién y otra tía un chándal y unos calcetines.
Hoy también he madrugado, quería aprovechar el día.
martes 22 de diciembre de 2009
El Gordo de Navidad
22 de diciembre de todos los años. Atrás quedaron aquellas mañanas en que mi abuela, TVE-1 y tooodos los décimos de lotería que había comprado eran uno. Todos los números repartidos, seguro que estratégicamente, por el cristal de la mesa camilla.
"Vale, compro yo un décimo y tú otro", comento a regañadientes con Dallane cada año. "No, tío, no me seas rata, pilla tú y dos y yo otros dos", me animaobliga la generosa amiga. "Vale, total es dinero perdido", termino refunfuñando.
Pero esta vez podría haber sido diferente. Un fastidio que las participaciones tengan dos caras y tengan que coincidir ambas con las del número premiado. Este año he estado cerca. Una de las caras coincide. Administración 146. Bravo Murillo, 201. Pero por la otra, ni la pedrea. 17139. Hay que joderse, ni el rintriego.
Intento hacer memoria. Y recordar dónde estaba colocado ese billete. Sí. Fuerzo más mi estupenda memoria visual y puedo comprobar que, en efecto, el Gordo estuvo al lado de este décimo.

"Vale, compro yo un décimo y tú otro", comento a regañadientes con Dallane cada año. "No, tío, no me seas rata, pilla tú y dos y yo otros dos", me animaobliga la generosa amiga. "Vale, total es dinero perdido", termino refunfuñando.
Pero esta vez podría haber sido diferente. Un fastidio que las participaciones tengan dos caras y tengan que coincidir ambas con las del número premiado. Este año he estado cerca. Una de las caras coincide. Administración 146. Bravo Murillo, 201. Pero por la otra, ni la pedrea. 17139. Hay que joderse, ni el rintriego.
Intento hacer memoria. Y recordar dónde estaba colocado ese billete. Sí. Fuerzo más mi estupenda memoria visual y puedo comprobar que, en efecto, el Gordo estuvo al lado de este décimo.

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